1. Los UVC, cuya longitud de onda oscila entre los 200 y 280 nm. Éstos rayos son absorbidos por la capa de ozono antes de llegar a la tierra y son potencialmente peligrosos para los seres humanos;

  2. Los UVB, o los rayos de onda media (entre 280 y 320 nm) también son absobidos en gran parte por la capa de ozono, pero sin embargo llegan a la superficie terrestre; y

  3. Los UVA que comprenden la radiación solar menos nociva. La longitud de esta onda se encuentra entre los 320 y 400 nm y la mayoría de estos rayos llega a la superficie terrestre.

Los rayos solares, conocidos también como rayos ultravioletas (UV) son invisibles al ojo humano y se clasifican de acuerdo a su longitud de onda, que es medida en nanómetros (nm). Cabe destacar que entre mas corta es la onda, más intensa es la energía de los rayos solares. Se dividen en tres tipos:

Rayos UVA y UVB.

La acción de los rayos solares puede ser directa o indirecta, esta última es producida por los reflejos de los rayos sobre la superficie terrestre y por la difusión de los mismos a través de las nubes. Por esta razón, un día nublado no impide que los rayos solares incidan sobre nuestra piel. Del mismo modo, dependiendo de la superficie donde nos encontremos también recibiremos un porcentaje de los rayos solares que se reflejan sobre la tierra. Por ejemplo, la nieve refleja aproximadamente un 85% de los rayos solares y la arena de la playa un 15%. Esto nos indica que en invierno también debemos cuidarnos del sol.

Por otra parte, las cámaras de bronceado utilizan rayos UVA, dado que es la radiación solar de menor intensidad y la menos dañina, pero sin embargo hoy en día se ha demostrado que esta práctica también causa daños sobre la piel; pues al igual que los rayos UVB se ha demostrado que esta radiación es carcinógena para los seres humanos.